
Apoyada en su balcón la muchacha lloraba,
porque su princesa azul nunca llegaba.
Esperaba y esperaba hasta que amanecía,
pero la princesa azul jamás aparecía.
Vivía atormentando su pobre corazón,
enamorada de noche y de mañana
de una princesa de leyenda y ficción
salida de un triste cuento de hadas.
Hasta que un día, por fin comprendió,
que la vida no era sólo poesía
escrita con la pluma del amor
y con el lápiz de la fantasía.
Desde entonces jamás esperó
a ninguna princesa azul de mito.
Aprendió que el amor verdadero
va mas allá de todo lo escrito.
Una pobre polilla enamorada...

